No ficcion

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César Rubio
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A diferencia de otras industrias, el uso de las nuevas tecnologías digitales no se ha extendido masivamente ni se aprovecha todo su potencial en el sector de la salud

 

Probablemente la cadena de valor del mercado de la salud sea la más compleja de las que existen. Mientras somos testigos de cómo las nuevas tecnologías modifican industrias, modelos de negocio y mercados de manera disruptiva en pocos años o meses, el sector de la salud se adapta con mayor lentitud a este entorno.

Nos encontramos en los inicios de este cambio que revolucionará los servicios y los sistemas de salud. A través de su visión, experiencia y conocimiento, la industria de Tecnología Sanitaria asume su papel de actor clave y socio estratégico en el proceso de cambio y transformación en el que se encuentran los sistemas de salud en todos los países del mundo. 

Son las 7 de la mañana de un día del año 2030. Mientras bosteza, Juan va directo a una báscula que registra más de 50 variables de su cuerpo: peso, dimensiones, pulsaciones, nivel de oxígeno y glucosa en sangre, masa muscular, horas de sueño real, etc. Antes de tirar de la cadena, su inodoro ya ha calculado varios de los parámetros de su orina, y mientras se mira al espejo sacando la lengua en una mueca absurda, ésta es fotografiada y analizada por el mismo espejo que acaba de hacer lo mismo con su iris, en busca de alguna sintomatología. 

El desayuno le espera en la cocina, cuyos datos de composición nutricional y calorías se han subido a su app personalizada que calcula, adapta y parametriza su dieta en función de su actividad, complexión e incluso gustos culinarios, para que elija y tenga un seguimiento pormenorizado de su propia dieta. Observa que tiene un golpe en el brazo. Tiene peor pinta que ayer; le hace una foto con la cámara de su móvil de 650 megapíxeles, que envía a su médico para que la analice, y solicita una visita virtual para esa tarde.

Toma su moderno vehículo camino de la oficina para enfrentarse al tradicional atasco de esas horas en el Paseo Recoletos. Es insufrible. Su coche conduce automáticamente, mientras controla su sistema cardiovascular y le pregunta qué  correos del día quiere que le lea. 

En todo este tiempo, Juan y su familia han generado y registrado sin esfuerzo gran cantidad de datos y parámetros que han sido almacenados en su portal clínico, donde potentes herramientas los analizan e interpretan en función de su evolución y los comparan con amplias muestras de población segmentadas por edad, hábitos de vida, características físicas, etc. Además, estos datos se cruzan con su estructura genómica, por lo que cualquier variación anómala de los parámetros, más allá de los márgenes de Juan, activará una alerta en su historial que será analizada por su médico con apoyo de complejos sistemas de diagnóstico y ayuda a la toma de decisión sobre su patología y posible tratamiento. 

Este recorrido es solo una visión de cómo podría ser el cuidado y seguimiento rutinario de la salud de un individuo en un futuro no muy lejano. La emergencia del mercado digital de bienestar y prevención, junto con la necesaria adaptación de los Sistemas de Salud a un nuevo contexto demográfico y económico, están cambiando la manera en que los ciudadanos perciben y se ocupan de su salud. Las incógnitas son cómo y a qué ritmo.

Este cambio no será a la misma velocidad ni homogéneo, sino en función de las diferentes preferencias de cada sociedad, del papel que quieran otorgar a los sistemas públicos de salud, de la calidad asistencial que exijan a sus gestores o de la relación paciente-doctor que se establezca. 

Muchas de las barreras que para el desarrollo de este mercado digital o del  eHealth están identificadas y constituyen ya una lista clásica de ‘grandes éxitos’ incluyen aspectos como: regulación, interoperabilidad, modelos de negocios, cambios en los modelos organizacionales o mayor protagonismo del paciente en la gestión de su salud, dejando atrás el modelo de ‘Sanidad Ilustrada’, en que todo se hace “para el paciente, pero sin el paciente”.

En España, donde las preferencias de la población son altas para que el Sistema Nacional de Salud siga siendo la columna vertebral sobre la que se asienta el cuidado de la población y uno de los mejores del mundo, es preciso avanzar más rápido en su mejora y modernización estableciendo una estrategia clara que identifique los grandes objetivos y problemas del Sistema. Hay que hacerlo desde una perspectiva despolitizada de la sanidad, que la dote de la flexibilidad y los incentivos adecuados para abordar mejor los cambios tecnológicos, organizativos e institucionales que conduzcan a un incremento de la calidad y del valor de los servicios prestados a los pacientes.

A diferencia de otras industrias, el uso de las nuevas tecnologías digitales no se ha extendido masivamente ni se aprovecha todo su potencial en el sector de la salud. Para ello deben darse la confluencia de una serie de aspectos que conduzcan a modelos con mejor comunicación, coordinación, accesibilidad y medición de resultados, y costes que incrementen el valor de los servicios. Ningún agente influyente en la provisión de los servicios de salud del sistema es capaz de reunirlos por sí mismo, por lo que los actores deben trabajar conjuntamente y centrar sus esfuerzos en áreas de interés común. 

La industria de la Tecnología Sanitaria, como sector estratégico, está preparada para contribuir activamente aportando conocimiento y tecnología a fin de ser partícipe, con el resto de agentes, de este cambio que conduzca a mejorar aquello que es fundamental en la salud: la excelencia en los resultados y la calidad de los servicios que reciben los ciudadanos.

Por Cesar RubioCoordinador del sector eHealth y del Area Internacional de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (FENIN)